Hay algo que une a quienes llegan a los 114 años: la capacidad de adaptarse sin perder aquello que los hizo llegar hasta allí. LA GACETA cumple este martes 114 años de vida y, para Daniel Dessein, presidente del directorio de la empresa, esa longevidad puede pensarse también desde una clave humana. El diario, como las personas que alcanzan edades extraordinarias, sobrevivió a cambios profundos y atravesó épocas de incertidumbre sin dejar de construir vínculos con su comunidad.
Dessein encontró una imagen para explicar ese recorrido. Recordó a María Angélica Tiscornia, una mujer que cumplió 114 años y que se encuentra entre las personas más longevas del mundo. Al repasar las características que suelen compartir quienes alcanzan esas edades, mencionó hábitos sencillos: moverse, mantener una alimentación equilibrada, evitar excesos, no fumar y, sobre todo, “tejer lazos sociales y conversar”. “Quizá la clave de LA GACETA también sea esa: lo que ha mantenido es una conversación a lo largo de este tiempo”, planteó.
Para Dessein, el periodismo tiene precisamente esa misión. Y es la de alimentar una conversación pública que permita a una sociedad comprenderse y tomar decisiones. Pero no cualquier conversación. En tiempos de redes sociales, polarización y sobreabundancia de información, diferenció entre un diálogo basado en argumentos y otro que se parece más a una sucesión de monólogos.
“Conversar requiere básicamente tres facultades: ciertos niveles de atención, capacidad para focalizar en determinadas cuestiones; discernimiento, para saber qué es verdad y qué no, qué es importante y qué es secundario; y finalmente confianza”, dijo.
En esa perspectiva, el buen periodismo aparece ligado a una de las bases de la democracia. “Ese tipo de conversación es la que trata de impulsar el buen periodismo, ligada a ese gran diálogo que es la democracia. La conversación es el vehículo, pero también es la esencia de todo sistema de convivencia libre”.
Un periodismo para tiempos de incertidumbre
El aniversario encuentra a LA GACETA en un escenario que, para Dessein, guarda algunas semejanzas con aquel de 1912, cuando nació el diario. “1912 era un año de cambio. En el mundo aparecían los nuevos inventos, la modernidad. En la Argentina había una disrupción en materia política y se acercaba la Primera Guerra Mundial”, recordó.
Más de un siglo después, considera que el contexto vuelve a estar marcado por la incertidumbre. La diferencia está en la velocidad y la dimensión de las transformaciones. “2026 también estamos en una escena de esa naturaleza, con muchísima incertidumbre, y el periodismo puede actuar como un contrapeso, como un sistema de equilibrio para tratar de bajar los decibeles en este ruido donde la confusión reina”.
En ese escenario, sostuvo, el trabajo periodístico consiste en ordenar la discusión pública, contextualizar los hechos y ayudar a identificar cuáles son los temas que una comunidad necesita debatir. “Proponer un menú de temas sobre los que tenemos que discutir para, en definitiva, lograr ciertos consensos y trazar un futuro común”.
Dessein también se refirió a las tensiones que atraviesa la prensa frente al poder político. Consideró que se trata de un fenómeno global, vinculado con nuevas formas de populismo y con sociedades cada vez más polarizadas. “Son sociedades más polarizadas, menos tolerantes, más abrumadas, con expectativas que se multiplican”, contó.
En ese punto recuperó las ideas del economista tucumano David Konsevik, a quien definió como “el desconocido más influyente de América Latina”. Según la teoría de la “revolución de las expectativas” desarrollada por el economista, las personas pueden ser pobres en ingresos pero ricas en información y “millonarias en expectativas”.
Para Dessein, esa combinación abre espacio para discursos políticos que ofrecen respuestas simples a problemas complejos. Y allí vuelve a ubicar al periodismo en una posición incómoda, pero necesaria. “El periodismo está en el medio de eso para hacer el aguafiestas de esas propuestas simplistas y atractivas al mismo tiempo”.
Contra el blanco y negro
En un ecosistema dominado por algoritmos, publicaciones instantáneas y millones de voces, una de las tareas centrales del periodista es, según Dessein, jerarquizar. “No se puede tomar buenas decisiones con mala información”, advirtió. Por eso, consideró fundamentales tareas que pueden parecer menos visibles frente a la velocidad de las redes: verificar, contextualizar, seleccionar fuentes, incorporar distintas voces y ayudar a interpretar.
“La realidad es más difícil de leer que eso y el buen periodismo no debe rehuir esa complejidad y transmitir esa complejidad”, sostuvo.
El objetivo, explicó, no debería ser decirle al lector cómo interpretar un hecho, sino ofrecerle herramientas para que pueda construir su propio juicio. “Tratar de ayudar a la comunidad a arribar a sus propias conclusiones, a desarrollar su propio juicio crítico”, dijo.
Esa mirada también explica el proceso de transformación de LA GACETA. Dessein recordó una visita reciente a la sede del diario: en el segundo piso, el archivo, el museo y las oficinas del directorio; en el primero, la redacción, el estudio de televisión y las pantallas que muestran las métricas del tráfico digital. “Estos dos pisos del edificio de LA GACETA sintetizan el espíritu de la Gaceta: la permanente transformación, con continuidades”, describió.
Porque, aunque hayan cambiado los soportes, hay elementos que permanecen. Dessein recordó que al revisar el primer ejemplar del diario encontró que una nota de 1912 podía tener unas 400 o 500 palabras y conservar ciertas estructuras que todavía se utilizan.
Después llegaron el desembarco digital, la producción audiovisual y, ahora, la inteligencia artificial.
El desafío de la inteligencia artificial
La irrupción de la inteligencia artificial plantea, para Dessein, uno de los desafíos más importantes de la historia reciente del periodismo porque toca directamente su principal herramienta: el lenguaje. En ese punto hizo una comparación que dimensiona la producción histórica del diario. A partir de una estimación sobre la cantidad de palabras producidas por los periodistas de LA GACETA durante sus 114 años, calculó que el diario generó alrededor de 2.000 millones de palabras.
La cifra puede parecer enorme, pero adquiere otra dimensión cuando se la compara con internet: esa misma cantidad de palabras circula en la red aproximadamente cada 20 segundos. “Todas esas palabras están ahí, gran parte de ellas disponibles digitalmente, y las empresas de inteligencia artificial las están tomando para entrenar sus sistemas y luego proveérselas a sus usuarios y lucrar con publicidad o con suscripciones”.
Allí, entiende, aparece una nueva discusión sobre el valor del trabajo periodístico. Porque detrás de una nota publicada no están solamente las palabras que finalmente llegan al lector. También hay investigación, fuentes, documentos, edición, correcciones y decisiones.
“Detrás de esas 2.000 millones de palabras hay muchas más: las desechadas, las que se van puliendo, la discusión de los editores, las palabras de las fuentes, de los documentos de donde surgen las investigaciones”, explicó.
Frente a un universo digital en el que conviven información rigurosa y contenidos sin verificar, Dessein considera que la curaduría periodística conserva un valor esencial. “En internet vemos muy poca curación, está casi todo y está equiparado el tonto del pueblo, como decía Umberto Eco, con un Premio Nobel”, graficó. Por eso, el compromiso de un medio no se limita a producir información. También implica una responsabilidad ética y estética sobre la manera en que esa información se construye y se presenta.
114 años, una familia y una conversación
La historia de LA GACETA tiene, además, una particularidad: durante 114 años permaneció en manos de la misma familia.
Dessein recordó la figura de Alberto García Hamilton, un uruguayo que llegó a Tucumán a fines del siglo XIX y que, luego de quedar sin trabajo en un diario de la época, encontró un espacio para fundar una nueva publicación. Así nació LA GACETA, inicialmente con apenas 500 ejemplares.
Tres hijos de aquel fundador dieron origen a las ramas familiares que todavía hoy conforman el accionariado de la empresa. “Son más de medio centenar. Todos somos primos, tíos, todos parientes”, contó Dessein, quien explicó que su padre y otros familiares ocuparon distintos cargos en la conducción del diario.
Durante ese tiempo también cambió la relación entre los medios y la política. Dessein recordó que los diarios fueron durante décadas espacios centrales de discusión pública y que figuras como Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda fueron, además de protagonistas de la historia argentina, periodistas y directores de medios.
“Los diarios eran los elementos fundamentales. Somos hijos del diario y del libro”, sostuvo. Hoy, frente a un ecosistema completamente diferente, la tarea sigue teniendo un punto en común: contribuir a una conversación que permita a una sociedad convivir y tomar decisiones.
“Cuando se deteriora el diálogo, lo que cae es la capacidad humana para cooperar armónica y pacíficamente”, afirmó.